El pasado 11 de julio se celebró la XXXIV edición del Trofeo Ciudad de Villena, una cita que, con el paso de los años, ha terminado formando parte no solo de la historia deportiva de nuestra ciudad, sino también de la historia personal de muchas familias, entre ellas la mía.
Conocí el Trofeo cuando mi hija mayor empezó a competir con el Club Natación Villena. Aquel primer día nos tuvo a todos con el corazón en un puño. Los nervios le habían revuelto el estómago, no dejaba de llorar y dudábamos de que fuera capaz de lanzarse al agua cuando sonara la salida. Y, sin embargo, llegó el momento. Llorando todavía, con el miedo reflejado en la cara, saltó al agua y defendió su prueba.
Después llegaron muchas más competiciones. Los nervios nunca desaparecieron del todo, pero aprendió que el miedo también se puede vencer. Estoy convencido de que esa experiencia contribuyó a forjar el carácter fuerte y decidido que hoy tiene.
Con mi hijo fue diferente. Él afrontaba las competiciones con mucha más calma, demostrando que cada deportista vive estos retos a su manera.
Esa es una de las grandes enseñanzas del deporte: mucho antes que campeones, forma personas.
Ayer, mientras veía competir a tantos niños y jóvenes, no podía evitar pensar que algunos estarían viviendo esas mismas emociones por primera vez.
Con los años he conocido el Trofeo como padre, colaborador y miembro de la directiva. Eso me ha permitido descubrir el enorme trabajo que hay detrás de unas pocas horas de competición y comprobar cómo quienes antes competían hoy ayudan a montar el recinto, preparan el material y acompañan a los más pequeños. Ese relevo generacional es, probablemente, el mayor éxito del Club Natación Villena.
Desde hace unos años, otro de los rasgos que identifican al Trofeo Ciudad de Villena es el reparto gratuito de fruta durante toda la competición para nadadores, acompañantes y público. Detrás de ese detalle, que muchos ya esperan como una tradición más de la jornada, está Antonio Candela: patrocinador del club y, sobre todo, uno de tantos padres implicados que siempre están dispuestos a arrimar el hombro. Son gestos como estos los que ayudan a crear el ambiente cercano y familiar que distingue a este trofeo.
Algo que valoran y destacan quienes nos visitan es el entorno privilegiado donde se encuentra nuestra piscina, algo que a nosotros nos cuesta apreciar por los problemas de seguridad y convivencia que durante años ha arrastrado la zona. Es justo reconocer que la situación ha mejorado notablemente, aunque todavía queda camino por recorrer para que el entorno sea realmente seguro y agradable.
Sin embargo, las instalaciones siguen siendo prácticamente las mismas que acogieron las primeras ediciones del Trofeo. El vaso, los vestuarios y buena parte de los servicios necesitan una renovación que ya no admite demasiada demora. Si Villena quiere seguir organizando una competición del nivel que ha alcanzado este trofeo, también debe apostar por mejorar el escenario donde se celebra. Invertir en deporte también es invertir en ciudad.
Treinta y cuatro ediciones consecutivas no se alcanzan por casualidad. Son el resultado del esfuerzo de directivos, entrenadores, voluntarios, patrocinadores, familias y cientos de nadadores que, cada verano, convierten Villena en un punto de encuentro para clubes de toda la provincia y de otras provincias vecinas.
Fue también de agradecer la presencia de la concejala de Deportes, Mayte Gandía, que compartió buena parte de la jornada y pudo comprobar tanto el magnífico ambiente que rodea al Trofeo como la necesidad de acometer una mejora integral de la piscina municipal. Conociendo su implicación y su forma de trabajar, confío en que esta reivindicación no caerá en saco roto.
Y cuando el cronómetro deja de ser protagonista y se entregan las últimas medallas, todavía queda un momento especial. La comida que reúne a quienes han hecho posible la jornada, convierte el final de la competición en una auténtica celebración. Es el momento de relajarse, compartir anécdotas y comprobar que un club deportivo es mucho más que un lugar donde entrenar: es una comunidad.
Porque el Trofeo Ciudad de Villena nunca ha sido solo una competición. Ha sido una escuela de vida para cientos de niños y niñas, un punto de encuentro para muchas familias, una tradición deportiva de la que Villena puede sentirse orgullosa y el reflejo de una forma de entender el deporte basada en el compromiso, la convivencia y el trabajo compartido.
Por eso, después de treinta y cuatro ediciones, sigo pensando lo mismo: esto es mucho más que un trofeo.
F. Martínez





